La historia de Enzo Ferrari - 6
Las negociaciones con Ford, la venta a Fiat y sus últimos días. También, su particular visión del segundo piloto.
Arrivederci
A mediados de los ’80, Enzó comenzó a vivir el crepúsculo inevitable de su vida. En junio de 1988 se acrecentaron las complicaciones renales del Commendatore. Él sabía que en poco tiempo, estaría acompañando a Dino, tal como lo quería.
Los éxitos de la Scuderia y su emprendimiento propiciaron premios y reconocimientos. La Universidad de Bolonia le dió el título de ingeniero mecánico honoris causa en 1960, las Naciones Unidas lo distinguieron con el premio Hammarskjöld en 1962, el presidente italiano Sandro Pertini lo nombró Caballero de la Gran Cruz de la República Italiana en 1979 y la Universidad de Módena le otorgó el título honoris causa en física en 1988.
En sus últimos días Enzo fue visitado por Juan Pablo II. Su Santidad traía consigo la palabra de quien hace dos mil años atrás también vivió por una pasión. El Mago estaba enfermo y no pudo recibirlo, pero habló por teléfono con él. "No he sido un buen católico, pero lo he tenido en mis pensamientos. Lamento que no tuve la oportunidad de conocerlo", le dijo Ferrari.
Finalmente, Enzo Ferrari falleció el domingo 14 de agosto de 1988. Pero la noticia recién se difundió un día después, cuando ya había sido sepultado en el cementerio municipal de San Cataldo, cerca de Módena, en oficio fúnebre estrictamente privado. Durante su vida Ferrari muchas veces alcanzó la gloria pero el día de su partida consiguió la inmortalidad.
¿Segundo piloto?
Enzo Ferrari tuvo una manera muy maquiavélica de manejarse con sus pilotos. Solía levantar la moral del supuesto número “2” para que el otro no se considere indispensable. De esta manera muchos de sus volantes tuvieron relaciones tirantes. Al respecto, Il Commendatore expresó que “en alguna ocasión dije que yo a los pilotos los elijo a través de las emociones que pruebo y no en cuento a los razonamientos. En mi opinión, tener dos pilotos veloces en un equipo es necesario. ¿De qué me sirve tener un piloto que no valga desde el punto de vista velocístico al menos como su compañero?. No me interesa, no me interesa. El llamado segundo piloto es una cosa bellísima pero ¿quién puede darse el lujo de tenerlo?. Yo necesito tener en el equipo dos pilotos que combatan por llegar al máximo. Claro está que si llegara el momento en el que su antagonismo pudiera perjudicar los intereses de la casa, sólo allí intervendré…”.
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